Y el diablo le contó una historia.
Y la historia era esta.
VII.
Hay allá, en las tierras de occidente, una tierra fértil, de cielo radiante, cubierta de flores y de verdor.
La guardan sierras que la dan su nieve en claros raudales; la surcan rios que fertilizan sus praderas, y sobre la vega y sobre sus montes se ven alquerías blancas y torres bermejas.
Esta tierra, paraiso del mundo, jardin de delicias, huerto de amores, bendita y riente, guardada por Dios para los mas valientes y fervorosos de sus escogidos, estaba entonces en poder de unos cristianos, nietos de unos bárbaros que habian venido á las regiones del mediodia, desde las regiones donde jamás se derrite el hielo.
Aquellos cristianos eran los visigodos.
Corria el año de seiscientos sententa y cuatro.
Era rey de los visigodos Wamba.
Wamba, á quien habian obligado á ser rey.