Y una túnica riquísima pero trasparente aumentaba los hechizos de aquella imágen de la muger que Dios crió para que fuese como la sultana de las huríes, para hacer feliz á Adan en el paraiso.
Era la imágen de Eva antes del pecado.
Almedí cayó de rostro sobre el pavimento con el alma abrasada en un fuego impuro, y adoró á Satanás en la imágen de Eva.
El niño-fiera, y el cachorro de perro y de leon, el uno entre los brazos y el otro á los pies de la Eva maldita, lloraban, gritaban, ahullaban, rugian con mas fuerza que nunca.
—Levántate, dijo la ronca y temerosa voz del diablo. Eres ya mio; pero quiero concederte un medio de volver á tu libertad. Voy á decirte en una historia, en la historia de esos dos hermanos, á dónde pueden llevar á una criatura el olvido de Dios por la muger, y por los impuros placeres de un amor idólatra.
—Dame á Eva, replicó Almedí.
—Te la daré, si me la pides despues de haber escuchado la historia de esos dos hermanos, y señaló al niño y al perro.
—Dame á Eva.
—Escucha.
Y dominado por un poder oculto y misterioso, Almedí con los ojos fijos en la imágen de Eva, sentado sobre sus rodillas, inmóvil, pálido, atento, escuchó.