Eran Ervigio y el jorobado, á quien habia encontrado pescando en la márgen del rio.
Adelantaron entrambos hasta la torre, y cuando llegaron á su puerta, el enano dijo á Ervigio:
—Si tú eres aquel á quien ella espera, la puerta de la torre se abrirá al tocarla tú.
—¿Hay en esto algun arte de Satanás? dijo Ervigio.
—¿Y qué te importa? ¿no quieres ser rey?
La ambicion habló mas alto que el temor de Dios en el corazon de Ervigio, y tocó con una mano audaz las planchas de hierro de la puerta de la torre.
Apenas la habia tocado Ervigio, cuando la puerta se abrió con un silencio pavoroso.
Dentro no se veian mas que tinieblas.
—Si eres tú á quien ella ama, dijo el jorobado, cuando entres dentro, las tinieblas desaparecerán y oirás maravillas.
Ervigio impulsado siempre por su ambicion, penetró en la torre.