Por todas partes, en todas direcciones, encontraba la roca tajada, áspera, húmeda y nada mas.
—¿Me habré engañado? se preguntó.
Y volvió á salir.
Pero aquella era la estrecha grieta cubierta de maleza por donde habia penetrado la noche anterior.
Para confirmarle en ello estaban allí las ramas que habia cortado con su yatagan para abrirse paso.
Sin embargo, aunque penetró una y otra vez, solo halló una estrecha escavacion en la roca, en la cual no habia ninguna abertura.
Desesperado, abandonó aquel lugar y subió á las cortaduras del rio y rodeó por los cármenes, buscando el postigo por donde le habia dado salida la dama blanca.
Pero no halló la cerca.
En cambio se perdió en un laberinto de enramadas, que se intrincaban mas á medida que el príncipe se revolvia mas en ellas.
Llegó un punto en que quiso salir y no pudo. No encontraba la salida, ni aun lograba dar con el rio cuya corriente le habia guiado.