Pero la maga era mala, y sin que lo supiese el viejo médico enseño á Leila-Fatimah la ciencia de lo oculto, y la hechicería y la cábala.

Y la ciencia hacia cada vez mas hermosa á Leila-Fatimah, dando á su mirada un brillo sobrenatural, á su frente una magestad irresistible, á su sonrisa un poder del infierno.

Y el anciano médico, cada vez que veia crecer á su hija en ciencia y en hermosura, se frotaba alegremente las manos y esclamaba:

—Cuando tú hayas llegado á la fuerza de tu juventud y á la cumbre de la ciencia, yo te llevaré á Damasco y te presentaré al califa. Y el califa se enamorará de tí, porque no podrá menos de enamorarse, y tú serás sultana, y yo seré wazir del califa, y tendré alcázares y tesoros, y esclavos, y recojeré al fin el fruto digno de mis vigilias durante tantos años.

Y cuando el codicioso médico vió que su hija era sábia, aunque era todavía niña, quiso que tuviese todo lo que hace amable á una muger, y buscó bayaderas y las llevó á su casa, y las bayaderas, espléndidamente pagadas, enseñaron á Leila-Fatimah las danzas lúbricas que ellas bailaban en las plazas, agitando sus panderetas al son de sus guzlas.

Y al poco tiempo Leila-Fatimah, bailaba como la mejor bayadera, tocaba la guzla y la tiorba y la guitarra, y repicaba las castañuelas como una hija de Egipto, y hacia hermosos versos, y cantaba como una alondra.

Y era mas: Leila-Fatimah amaba, porque el diablo la habia enseñado á amar.

Y era el amor de Leila-Fatimah ardiente y voluptuoso, como inspirado por el diablo.

Y soñaba con sus amores, sin objeto y se abrasaba en ellos, y como no veia á nadie, por que su padre la tenia casi emparedada, un dia en que el delirio de su amor de vírgen era mas intenso, evocó al diablo.

El diablo se la presentó en la figura de Abraham.