Abraham no te conoce.

—¿Pues no ha hablado su espíritu conmigo?

—He sido yo que he tomado su figura.

—¿Y no me amará Abraham?

—Sí, si tú quieres.

—Quiero presentarme á él como una hada.

—Hazlo, eres sábia.

—No puedo, yo soy sábia para hechizar, para enamorar, para matar; conozco el lenguaje de las estrellas, puedo obligarlas á que me digan lo que ha de suceder; pero no puedo trasladarme con el pensamiento á donde mejor quiera, no puedo trasformarme, no puedo construir en un momento un palacio, y yo lo quisiera hacer.

—Entre las joyas que ha dejado tu padre, hay un poderoso talisman.

—¿Y qué talisman es ese?