Y entonces, pareció como que su semblante resplandecia, como que sus ojos deslumbraban, como que sus cabellos se hacian mas finos y mas pesados y mas bellos sus rizos y mas negros: y se levantó su estatura, y se alzó su seno y sus brazos, y su cuello y las demás partes de su cuerpo, se volvieron tales, como solo Dios puede imaginar para hacer un ángel muger.

Y Leila-Fatimah, se veia desnuda en el espejo y sonreia orgullosa á aquella nueva hermosura que no habia desfigurado ni una sola de sus formas, porque Dios habia ya criado á Leila demasiado hermosa.

—Quiero que se peinen mis cabellos y se adornen de joyas, dijo Leila.

—Me estás convirtiendo en tu esclava, dijo el génio:

—Lo quiero.

Los hermosos cabellos de Leila, se trenzaron, rodearon su cabeza, cayeron en rizos y en lazos junto á sus megillas, y sobre sus hombros y sobre su seno, y entre ellos brillaban racimos de perlas y de diamantes y de rubíes y de corales, formando al rededor de su cabeza una como corona de hojas de vid con fruto.

—Quiero un hermoso collar para mi garganta y unas hermosas arracadas para mis orejas, y brazaletes y ajorcas para mis brazos y mis piernas.

El génio cumplió la voluntad de Leila.

Y no parecia sino que aquellas joyas habian sido buscadas á propósito para realzar la blancura y la belleza de la jóven.

—Quiero un ceñidor interior para mi cintura que defienda mi pureza y me haga invulnerable y fuerte, capaz de vencer á uno, á diez, á un cuento de caballeros armados.