—Vosotros no hareis eso, dijo, cuando sepais quién soy yo.
—Seas quien fueres, por ladron te tenemos ¿no has pasado nuestros términos de noche sin nuestra licencia?
—Yo no he encontrado cerca alguna.
—Tu has escalado la cerca: por lo mismo morirás ahorcado.
En efecto el príncipe habia saltado una pequeña tapia.
—¿Y para qué queremos llevarle al rey? dijo otro: nosotros podemos ahorcarle, ¿acaso no es un ladron armado? ¿no sabeis que el que coje á un ladron armado puede ahorcarle allí donde le pille?
—Pero yo no he hecho resistencia: esclamó el príncipe.
—¿Y quién sabe si la has hecho ó no? ¿lo dirás tú despues de muerto?
—Si vosotros me ahorcárais, mi padre os descuartizaria vivos, contestó con altivez el príncipe.
—Es que nosotros tenemos un padre que nos defenderá del tuyo por poderoso que sea: porque nuestro padre es el poderoso y justiciero rey Nazar.