—Pues bien de rodillas ante su hijo el príncipe Mohammet, dijo con altivez el jóven.

—¿Tú el príncipe Mohammet, el valiente y virtuoso hijo del rey Nazar? dijeron los rústicos: no puede ser; ¿qué tiene que buscar nuestro buen príncipe por estos sitios y á estas horas?

—Es un mal caballero que miente por salvarse.

—Un burlador de la justicia del rey y de nuestra honra.

—Un libertino.

—Un infame.

—Ahorquémosle.

—No; casémosle con la muger que vendrá á buscar y que sin duda es hija de uno de nosotros.

—Yo no conozco á vuestras hijas: os repito que soy el príncipe Mohammet.

—Pues bien; te llevaremos al rey, y el rey dirá si eres príncipe ó no.