El califa envió á su wazir para que se informara de aquello.
El wazir volvió asombrado y enloquecido.
—No vayas, señor, le dijo, á ese alcázar, porque en él encontrarás una muger tal y tan hermosa que perderás tu alma.
Esto mismo incitó con mas fuerza al califa para ver aquella peregrina hermosura que, como una perla en su concha, se escondia en una obra tan magnífica.
Hízose preceder por sus esclavos, montó en un caballo blanco, y precedido de su córte se encaminó al alcázar misterioso.
XXI.
—Hé aquí que el califa de Oriente se acerca, dijo el geniecillo a Leila-Fatimah. Mira si quieres ser sultana.
—Por Abraham maté á mi padre, y solo de Abraham seré, dijo la vírgen maldita.
—¿Pero no recibirás al califa?
—Sí, le recibiré, y le enloqueceré, para que me sirva.