—Te daré lo que me pidas.
—No puedes darme nada: me diste tu alma y despues las almas de tus hijos: tus hijos que son malditos, como tú, me darán el alma de sus nietos.
—¡La vida! ¡oh mi vida de amores! ¡un instante mas! que me vea yo a antes de morir entre los brazos de Abraham.
—El momento llega, ya han pasado tres veces siete años desde que nació Jamné, el maldito.
Y mientras Satanás decia estas palabras, Leila cayó sobre el diván, y se puso fria, muy fria.
Murió.
XXVII.
En aquel mismo punto Abraham, á despecho de su ciencia, veia morir en el palacio al califa.
Salió de allí con el alma entristecida, y cuando entró en su casa, encontró á Leila muerta.
Sus hijos dormian.