—¿Qué quieres? le dijo Leila. Yo no te he llamado.

—Vengo por tí, dijo el diablo; ha llegado la hora.

—¿La hora de qué? dijo estremecida de espanto Leila.

—Han pasado tres veces siete años desde que nació tu hijo, respondió Satanás; pronto llegará la hora precisa, y tu cuerpo morirá.

—¡Oh! ¡no! ¡no! yo creo que solo ha pasado un instante desde que bebí el amor en los brazos de Abraham.

—¡Tres veces siete años! dijo el diablo: esa era la cuenta de tu vida, y eres mia.

—Pídeme lo que quieras y no me mates, esclamó juntando las manos Leila.

—Has tenido en tu mano la vida eterna, la felicidad eterna, y la has cambiado por una felicidad de muerte.

—¡La vida! ¡la vida! esclamó Leila que empezaba á sentir un frio estraño.

—Solo Dios podia dártela, y los decretos de Dios son inmutables.