Todos envidiaban á Abraham, que era tan rico y que tenia una muger tan hermosa y unos tan hermosos hijos.
¡No sabian á qué precio pagaba Abraham aquella felicidad!
XXVI.
Una noche velaba sola é impaciente Leila en su retrete.
Estaba sola porque habian venido á llamar á Abraham para curar al califa, que se habia puesto enfermo, y de quien seguia siendo médico.
Estaba impaciente porque Abraham tardaba y no sabia vivir sin él.
De repente Leila oyó ruido cerca de la habitacion, y su alma se inundó de alegría, porque creyó que era Abraham.
Se levantó del divan y corrió á la puerta; pero al llegar á ella retrocedió aterrada y dió un grito.
Una figura horrorosa se habia presentado en ella.
Era Satanás.