—¡Oh tú, hombre convertido en leon, conviértete en un perro viejo é impotente.

Inmediatamente el leon se trasformó en un perro lanudo, cojo, ciego, miserable, que empezó á arrastrarse gruñendo dolorosamente á los pies de Asenéth.

Pero Asenéth, le hirió con el pie en el vientre, le arrojó lejos de sí, y abandonó la cámara donde Jamné, castigado de nuevo por Dios, quedaba lanzando dolorosos ahullidos.

XXIX.

Al dia siguiente, cuando Asenéth se encontraba mas abstraido en sus pensamientos de amor, tembló el alcázar todo, y yo, Satanás, dije desde las entrañas de la tierra:

—Ervigio me ha encontrado pescando en la orilla del rio, ha tenido valor para arrostrar el encanto, y tú y él sois mios.

Inmediatamente Ervigio se presentó á Asenéth.

A la vista de su hermosura, el noble godo palideció y tembló.

—¿Quién eres tú, diosa, dijo, que así brillas ante mis ojos con la plenitud de tu hermosura?

Yo soy tu esclava, dijo la impaciente Asenéth, arrojándose en sus brazos.