Mas allá solo habia una niebla roja é impura, como el resplandor de un horno.

Y acá y allá se oia el rugido de los leones y de las panteras.

Y las colinas rojas su quedaron atrás.

Y ya no se escuchó el rugido de las fieras.

Y el perro seguia rastreando y corriendo entre la niebla roja é impura.

Y el caballo de Jask le seguia.

Y Jask se inclinaba sobre el arzon de su caballo, con la adarga al pecho, y la lanza en ristre, invocando el nombre de Dios.

De repente se escuchó una voz dulcísima que parecia salir de las entrañas de aquella tierra enrojecida:

—«¿El hermoso caballero, á dónde va?

»¿A dónde va el hermoso caballero?