—Sus, hermano mio, guia, guia al campo de los jigantes.

Y el perro partió rastreando y á la carrera.

Y las palmeras se quedaron atrás.

Y se quedaron atrás las colinas verdes.

Y se quedaron atrás los arroyos.

Y el perro seguia rastreando y corriendo sobre ásperas y peladas rocas.

Graznaban las águilas en las altísimas cortaduras.

Zumbaba contra ellas el viento.

Rocas y águilas se quedaron atrás.

Y el perro seguia rastreando y corriendo sobre montes de arena roja, como si la hubiesen empapado en sangre.