—¿Tú eres príncipe: tú eres mi compañero en el mando? tú eres casi el sultan de Granada: tu culpa por lo mismo es mayor. ¿A qué has venido á Granada?
—Estaba triste en Alhama.
—¿Y tienes aquí tu alegría?
—Si señor.
—¿Y... tu alegría cómo se llama?
—¿Pero por qué has venido á Granada desobedeciéndome? ¿por qué has abandonado mi estandarte en la frontera?
—Por respirar las auras de la noche en los cármenes del Darro.
—¡Oh! yo sabré tu secreto, dijo el rey.
Y llamando á dos de los mas ancianos y prudentes de sus wazires[23] les mandó que encerrasen al príncipe en lo mas alto de la torre del Gallo de viento.