—Si señor, constestó el príncipe.
—¿No te habia mandado que no vinieses á Granada?
—Si señor.
—¿Por qué has venido? ¿qué causa grave tienes que alegar en tu disculpa?
El príncipe sabia que su padre estaba enamorado de Bekralbayda, y no se atrevió á confesar la verdad.
—Tu hijo no tiene disculpa ninguna, poderoso sultan de los creyentes, contestó.
—Si uno de tus walíes abandonase un gobierno que tú le hubieses encomendado, si su gobierno estuviese en la frontera enemiga, ¿qué harias?
—Mandaria cortar la cabeza al walí, contestó con mesura, pero con firmeza el príncipe.
—¿Porque el walí habria sido traidor y rebelde?
—Si señor.