—Nosotros no sabiamos que era el príncipe.

Impuso el rey Nazar silencio á los labradores, que hablaban á un tiempo y en coro, impulsados por el miedo, y preguntó á su hijo:

—¿Es cierto lo que estos dicen?

—Me han encontrado en los cármenes, señor, contestó el jóven.

—¿De noche y armado?

—Si señor.

—¡Idos! dijo el rey á los labradores.

Estos no esperaron á que el rey repitiese su mandato, y salieron en tropel como una jauria espantada, no sin sufrir algunos latigazos de los esclavos y de los soldados en su tránsito por el alcázar.

El rey Nazar se habia quedado solo con el príncipe, y le miraba ceñudo.

—¿No estabas en mi castillo real de Alhama? dijo al fin Al-Hhamar.