—¡Oh! ¡cuán lejos está el lago de las aguas saladas! esclamó.
Entonces dijo una voz tentadora á su oido:
—Mira, allí hay un sombroso bosquecillo de acacias; en él las aves difunden su grata armonía, y los arroyos murmuran dulcemente; los rayos del sol abrasan, queda aun mucho dia, descansa y luego á la tarde continuarás tu camino.
—El que se detiene en el camino del bien, se espone á caer en la tentacion, no me detendré hasta que agotadas mis fuerzas caiga. Entonces Dios tendrá piedad de mí, porque no habrá consistido en mi voluntad.
—El lago de las aguas saladas está muy lejos, y te rinde la fatiga.
—Confio en la misericordia de Dios que me dará su fortaleza.
Aun no habia acabado de pronunciar estas palabras Jask, cuando se encontró cabalgando de nuevo en su caballo, que corria, corria, siguiendo al perro, que corria tambien.
Jask habia vencido á la pereza, como á las otras seis mortales tentaciones.
Dios le habia premiado.
Su caballo le llevó con la velocidad del huracán, á las orillas del lago de las aguas saladas.