Habia tres años que no veia á persona viviente.
Servíanla, sin embargo, como á una sultana.
Cuando se levantaba del sueño con el alba, encontraba abierta la puerta del otro departamento.
En cuanto Zairah pasaba de ella, la puerta se cerraba, y poco despues volvia á abrirse.
El departamento en que habia pasado la noche, habia sido cuidadosamente limpiado, renovadas las flores y las ropas, y puestos escelentes manjares sobre una rica alfombra en vagillas de oro.
Cuando Zairah deseaba alguna cosa, un perfume, un pájaro, un libro, un instrumento, tocaba con una varita de oro sobre una copa puesta sobre una mesa, dejaba sobre ella escrito en un papel su deseo, y pasaba á la otra parte.
Inmediatamente se cerraba la puerta, volvia á abrirse al poco tiempo, y cuando Zairah volvia, encontraba el objeto que habia pedido.
En una ocasion, se sintió enferma y llamó, avisando en un papel su estado.
Inmediatamente apareció una persona, enteramente cubierta, examinó á la jóven, y la asistió hasta que estuvo completamente restablecida.