Ya en el uno, ya en el otro, moraba contínuamente una muger.

Pero una muger maravillosamente hermosa, y ricamente engalanada.

¿Para quién se engalanaba aquella muger?

Ella no conocia á nadie.

Recordaba sí á unas gentes que la habian criado.

A dos ancianos, el uno hombre, la otra muger.

Pero hacia muchos años que habia dejado de ver á aquellos dos séres.

Muchos años, durante los cuales, no habia visto mas séres vivientes; que las moscas azules que cruzaban la dorada atmósfera de sus retretes, ó las mariposas de oro y colores, que venian á pararse un momento sobre los ramilletes de los búcaros, ó las golondrinas que revolaban junto á sus nidos fabricados bajo las almenas de la torre.

Esta muger, mejor dicho, esta jóven; porque solo contaba veinte y un años, era Zairah, la infortunada hija de Jask-Al-bahul, y de su esposa Aidamarah.

Zairah, desde el momento en que cumplió los ocho años, mucho antes de que el amor pudiera hablar á su corazon, habia sido sentenciada á la soledad.