—Lo es ya, esclamó Jacub.

—¡Ah! sí, sí, era blanca y está convertida en negra, esclamó Jask cubriéndose el rostro con las manos.

—¿Qué quiere decir este hombre? esclamó Zairah, que se veia blanca como antes.

—¡Ese mancebo es tu hermano! esclamó con desesperacion Jask.

Al oir estas palabras Zairah, se vió negra, y exhaló un grito de horror.

Se desasió de la mano de Jacub, y pretendiendo huir de él, saltó en el caballo de batalla de su padre.

Al sentirla sobre sí el bruto, partió á correr.

—¡Ah! esclamó Jacub palideciendo de muerte y cerrando con su padre sin conocerle: tú me has robado á mi alma.

—¡Ah desdichado! esclamó Jask cayendo herido de muerte á los pies de Jacub: has sido impuro con tu hermana, y has teñido tus manos en la sangre de tu padre.

Y espiró.