El perro habia lamido la sangre de Kaibar, Jacub habia lanzado á la sima su puñal ensangrentado.
Habia salido la luna.
Cuando Zairah volvió en sí, solo encontró á su lado á Jacub.
El perro-leon estaba sentado, amenazador y terrible en medio de los dos jóvenes.
LI.
Zairah se pasó la mano por la frente, y apartó de sobre ella las pesadas bandas de sus cabellos.
Sus ojos miraban con espanto á Jacub.
—¡Con qué tú, esclamó; tú, el mancebo hermoso de mi amor, eres mi hermano!
—¡Tu hermano! miente aquel hombre que lo dijo, esclamó Jacub.
—¡Aquel hombre!... aquel hombre tenia algo que me espantaba, esclamó Zairah.