—Esto ha sido un sueño, un sueño que no debemos recordar, alma mía.
—¡Un sueño! no: yo era blanca como la nieve y ahora, mis brazos, mi senos están negros, negros como el carbon.
—¡Oh, no! ¡tú sueñas! esclamó estremeciéndose Jacub.
—Debemos de haber cometido un crímen horroroso, esclamó Zairah.
—El crímen de haber nacido destinados el uno para el otro.
—¿Quién sabe si nos ha unido el infierno?
—¡El infierno!
—¡He tenido un sueño! ¡una vision!
—¡Una vision!
—¡Sí! una vision horrorosa.