Hé aquí el epitafio de su sepulcro:
«Aquí yace el rey mártir y de alto linage, gentil docto, virtuoso, cuya clemencia y bondad y demás escelentes virtudes, publica el reino de Granada, y hará época en la historia de la felicidad de su tiempo: soberano príncipe, ínclito caudillo, espada cortante del pueblo muzlime, esforzado alférez entre los mas valientes reyes, que por la gracia de Dios aventajó á todos en el gobierno de la paz y de la guerra, que defendió con su prudencia y valor al Estado, y que consiguió sus deseados fines con la ayuda de Dios, el príncipe de los fieles, Juzef-Abul-Hegiag, hijo del gran rey Abul-Walid, y nieto del escelente rey Abu-Walid-Ferag-ebn-Ismail, de la familia Nazarí, de los cuales el uno fué leon de Dios, invencible domador de sus enemigos y sojuzgador de los pueblos, mantenedor de los pueblos en justicia con leyes, y defensor de la religion con espada y lanza, y digno de la memoria eterna de los hombres: el otro á quien Dios haya recibido en su misericordia entre los bienaventurados; pues fué columna y decoro de su familia, y gobernó con loable felicidad y paz el reino, mirando por la pública y privada prosperidad, que en todas las cosas hacia notar su prudencia, justicia y benevolencia, hasta que Dios Todopoderoso, colmado ya de méritos, le llevó del mundo, coronándole antes con la corona del martirio, pues habiendo cumplido la obligacion del ayuno, cuando humildemente oraba postrado en la mezquita pidiendo á Dios perdon de sus debilidades y deslices, la violenta mano de un impío, permitiéndolo así Dios justísimo, para pena de aquel malvado, le quitó la vida, cuando mas cercano estaba de la gracia del Todopoderoso: lo que acaeció el dia primero de Jawal, año de setecientos cincuenta y cinco. ¡Ojalá esta muerte, que hizo ilustre el lugar y la ocasion le haya sido de galardon, y haya sido recibido en las moradas deliciosas del paraiso, entre sus felices mayores y antepasados! Principió á reinar miércoles catorce de Dilhagia, año setecientos treinta y tres. Habia nacido dia veinte y ocho de Rabie postrera, año setecientos diez y ocho; alabado sea Dios Unico y Eterno que da la muerte á los hombres y galardona con la bienaventuranza.»
III.
Al grande, al sabio, al justo rey Abul-Hegiag, sucedió su hijo Muhamad V, tenia veinte años de edad, era hermoso, de carácter firme, y de trato apacible, siendo además muy humano, generoso y franco. Dicen las crónicas árabes que era tan compasivo, «que muchas veces sus lágrimas manifestaban cuanto sentia su corazon las aflicciones y calamidades que le referian, y asimismo tan benéfico y liberal, que ganaba el amor de cuantos tenian la fortuna de tratarle; negó la entrada de su alcázar á los aduladores y ministros de lujo inútil y de vana ostentacion, y estableció en su casa un arreglado número de sirvientes, y cuanto convenia á la decente magnificencia de la casa del rey, de un estado ni opulento y vicioso, ni pobre ó malandante. Con estas virtudes solo era aborrecido de los malos y viciosos cortesanos; pero los principales y gente noble del reino le estimaban, y todo el pueblo le miraba con respeto, amor y confianza: sus principales entretenimientos y diversiones eran los libros y los ejercicios de caballería, torneos y gentilezas á caballo.
»Puso las avenencias con el rey de Castilla y con Abu-Salem de Fez, y gozaba el reino de bonancible calma. Luego que subió al trono cedió á su hermano Ismail, y á sus hermanos y madrastra el alcázar vecino al principal palacio de su padre, donde él moraba, casa magnífica y llena de comodidades, para que la habitasen con toda su familia. La sultana madre del infante Ismail habia sacado inmensas riquezas el dia de la muerte del rey Juzef, y desde luego trató de destinarlas en facilitar el camino del trono á su hijo Ismail: ganó á su hija que habia casado su padre con uno de los príncipes de la sangre, llamado Abu-Abdallah, que amaba perdidamente á su esposa, y por sus persuasiones entró en las intenciones de la reina, madre de Ismail y de su muger y por este príncipe y derramando riquezas, formaron un numeroso ejército de conjurados.»
Esta conjuracion empezó á dar resultados.
Poco tiempo despues de la exaltacion de Muhamad al trono, se reveló alzándose con título de rey en Gibraltar el walí de aquella fortaleza Iza-ebn-Alasun-ebn-Alí-Mandil-Alascarí, y trató cruelmente á los que habian permanecido fieles al rey. Pero las mismas crueldades de este walí, hicieron que se volvieran contra él todos los habitantes de Gibraltar, que le prendieron, enviándole á Ceuta con su hijo, donde murieron ambos entre los mas crueles tormentos á manos del reyezuelo de Africa, señor de Ceuta Abu-Anan.
Apesar de este mal éxito, las rebeldías continuaban sostenidas por la sultana madrastra del rey Muhamad, por su hermana y por su cuñado Abu-Abdallah.
Creyéronse al fin en estado de dar el golpe, y habiendo escogido ciento de los mas osados y valientes de sus parciales, escalaron de noche silenciosamente la parte mas alta de la Alhambra y se ocultaron hasta la media noche al canto del gallo del dia veinte y ocho de Ramazan del año setecientos setenta.
Dada la señal, los conjurados acometieron dando grandes voces, atropellando y matando á cuantos encontraban; al mismo tiempo otros conjurados rompieron las puertas de la casa del wazir y le mataron y á su hijo y á muchos de la familia: el príncipe Abu-Abdallah, cuñado del rey, entró en la Alhambra proclamando á su otro cuñado el infante Ismail, creyendo muerto al rey Muhamad; pero los encargados de matarle, se habian entretenido en el saqueo, y dieron tiempo para huir al rey Muhamad, á quien una de las doncellas del harem disfrazó de esclava, huyendo con él á caballo, sin parar hasta la ciudad de Guadix, donde libre el rey del peligro, fué recibido con entusiasmo por los leales habitantes.