Entonces resonó á alguna distancia una carcajada hueca.

El rey Nazar dió voces: entraron sus esclavos con luces.

El rey Nazar hizo que encendiesen la lámpara, que cerrasen las celosías de los ajimeces y las puertas, y que trajesen al momento al astrólogo Yshac-el-Rumi.

Poco despues el viejo estaba delante del rey Nazar y á solas con él.

—Siéntate, le dijo el rey.

El astrólogo se sentó con la misma altivez que si hubiera sido otro rey.

—¿Sabes lo que me sucede? le dijo.

—Yo lo sé todo, dijo con autoridad el mago.

—Veamos.

—En primer lugar estás cada dia mas embriagado por los encantos de Bekralbayda.