El rey Juzef, mas cuerdo que Martin Yañez, mandó que echasen de mala manera á tales embajadores, que volvieron maltratados y escarmentados al maestre.

Irritado este, dejándose llevar de su condicion soberbia y belicosa, levantó un golpe de gente allegadiza, aventurera y mal armada, y con trescientos caballos y hasta cinco mil peones ó infantes, gente toda floja y baldia, se atrevió á pasar la frontera, desoyendo los buenos consejos de los hermanos Alonso y Diego Fernandez de Córdoba, señores de Aguilár, que le salieron al camino con intento de disuadirle de su temeridad.

Pasó, pues, la frontera, y puso sitio á Hins-Egea, á cuyo socorro el rey Juzef envió las tropas de caballería que habia en Granada y toda la infantería que pudo reunir en el momento.

El maestre levantó el sitio para salir al encuentro de los de Granada, y encontrándolos, trabó con ellos la batalla, que fué muy sangrienta y reñida, porque los de la caballería cristiana peleaban como desesperados.

Pero vencidos al fin por los del rey Juzef, dominados por el número, murió el maestre desastradamente, sin que quedase vivo ni uno solo de los desdichados que habia llevado consigo á aquella temeraria empresa.

Poco despues, el rey de Castilla (Enrique III) envió embajadores al rey de Granada, disculpándose del rompimiento temerario del maestre que habia roto la tregua sin su consentimiento.

Esta victoria acaeció el año setecientos noventa y ocho[102].

Poco despues murió el rey Juzef.

Atribuyeron su muerte á traicion del emir de Fez, que entre otros regalos le habia enviado una rica aljuba inficionada de tósigo, que luego que la vistió, como hubiese corrido un caballo y hubiese sudado, sintió al punto graves dolores que no le dejaron, hasta que pasados mas de treinta dias murió.

Pero hay fundados motivos para creer, que murió de otra dolencia que padecia mucho tiempo antes.