Y á pesar de que aquella ciudad con sus muros, sus torres y su caba, se levantaba delante de Granada, el rey Boabdil dormia como si hubiese estado completamente en paz con los cristianos.
Dormia en el mirador de Lindaraja entre los brazos de una esclava.
Lentamente la luz del dia fué creciendo, y la esclava despertó, se envolvió en su túnica y se sentó en el diván.
Poco despues de la aparicion del alba, un ronco son de atakebiras, dulzamas y atavales rasgó el espacio, y cuando cesó este clamor guerrero, se escuchó la voz del mueden de la mezquita del alcázar que llamaba á la oracion de Azzobih.
Boabdil se levantó, sonrió á la esclava, y fué á hacer su ablucion á la fuente de la sala de las Dos Hermanas.
Despues se prosternó con el rostro vuelto al oriente, y oró un momento.
Luego fué al diván, se reclinó en él indolentemente é hizo una seña á su esclava.
Esta se levantó y fué á una puerta.
Salió, y poco despues entraron otras cuatro hermosísimas esclavas.