Su robusta mano empuña convulsivamente el pomo de su espada.
Su vista se fija en la puerta de Al-Bonut[134].
Por allí entran lucidas cuadrillas de zegríes.
A su frente, altivo, provocador, insolente, viene oprimiendo los lomos de un tordo rodado, Mahomet Zegrí, alcaide de la alcazaba Kadima, cubierto de galas rojas y arrastrando rojas gualdrapas: llevaba pintado en su adarga un salvaje sosteniendo un mundo, y por bajo este jactancioso mote: Con mas puedo.
Su moreno semblante africano se volvió hacia el trono en el momento en que entró en la tela, y sonrió con sarcasmo á la sultana, con desprecio al rey, y fijó una mirada de odio y de reto en el infante Muza.
La sultana palideció, el rey bajó los ojos, Muza lanzó una mirada de muerte al Zegrí.
Seguian á Mohamet-Adel-Zegrí, de cuatro en cuatro, cien caballeros zegríes, ginetes en potros negros de pura sangre árabe.
Iban cubiertos de seda, sin mostrar mas que unos ligeros jacos,[135] forrados de tela de oro: sus aljubas, sus marlotas, sus almaizares, eran de brocado rojo como el de su caudillo, y sobre sus bonetes ondeaban plumas que parecian haber sido teñidas en sangre.
Al mismo tiempo por la puerta de Al-Kaissería, entró un hermoso mancebo, ginete en una yegua blanca, con bonete, aljuba y capellar de brocado verde, y gualdrapas de lo mismo.
En su adarga llevaba pintada un águila que volaba junto á un sol, y por bajo este letrero: