«Mas alto vuelo.»

Este caballero, que era muy hermoso, se llamaba Ahmed-Ebn-Zeragh, y era gefe de la poderosa familia de los abencerrages.

Seguíanle de cuatro en cuatro, ginetes como él en yeguas blancas, y como él vistiendo brocado verde, cien bravos caballeros abencerrages.

Los dos gefes de las dos tribus, Mahomet-Adel-Zegrí, y Aben-Ahmed-Aben-Zeragh, se unieron para ir á saludar al rey, y del mismo modo se unieron sus cuadrillas.

Despues del saludo, cada uno tomó por un costado de la liza: seguian á cada uno sus caballeros, y al fin los escuadrones se formaron el uno frente al otro: los abencerrages estaban á la derecha del trono, los zegríes á la izquierda: en medio la arena despejada: á una señal del rey, los escuderos de las fiestas saltaron las barreras y cargados de haces de cañas, forradas de vistosas cintas, proveyeron de ellas á los caballeros y se retiraron.

Entonces sonó la señal.

Los dos escuadrones se abrieron, desplegándose como un abanico.

Y caracolearon los caballos, y se mezclaron de una manera ordenada formando círculos y caprichosas combinaciones, y entrando y saliendo y remedando de una manera muy vistosa, una trabada escaramuza.

Y volaban las cañas, ondeando las cintas de colores, y las damas y los caballeros y el populacho y el mismo rey aplaudian y reian de muy buena gana, cuando un caballero torpe ó descuidado recibia un golpe de caña en el rostro.

Por una, dos y tres veces las cuadrillas quedaron sin cañas, se replegaron haciendo provision de nuevas cañas, y volvieron á juego; pero á la cuarta vez, un caballero abencerrage lanzó un grito de muerte y cayó de su yegua.