Te amé... como ama el ciego la luz y el desdichado la esperanza.
Te amé... con toda mi alma, con toda mi vida, con todo mi deseo, con toda mi voluntad.
Te amé... para morir de amor.
Quédate á Dios, sultana.
Lo que está escrito se cumplirá.
¿Acaso puedo vivir?
¡No! insultaré á los zegríes y me matarán.
Y si quiero morir con gloria, ¿no velan en el real cristiano, sedientos de sangre mora, ese famoso Gonzalo de Córdoba, el bravo Ponce de Leon, Hernando del Pulgar, y don Alonso de Aguilar el Valiente?
Adios, sultana.
Ariel bate ya sus negras alas.