»Porque yo amaba, cristiano, á un hombre á quien han asesinado por mi causa.
»Pero con un amor puro, noble, exento de mancilla.
»Ven cristiano: ven con otros tres de tus amigos, que siéndolo tuyos no pueden ser sino generosos y valientes.
»Ven y cobra la sangre de Aben-Ahmed.
»Ven y lava mi deshonra.
»La doncella de mi casa que te entregará estas letras, te conducirá á donde encuentres armas y preseas bastantes á que puedas encubrir tu nombre y tu patria.
»Ven, ¡oh! ven cristiano, porque desamparada de todos, en tí confio.»
Don Juan se estremeció de alegria, y dijo á sus tres amigos:
Y bien; si buscábamos aventuras, ¿cuál mejor que esta? ¿Cómo podremos esclarecer nuestro nombre mejor que defendiendo á una sultana de cuatro enemigos tan valientes como los zegríes? ¡A caballo, caballeros! ¡á caballo, y que esta dama nos conduzca al sitio donde hemos de trocar armas y cabalgaduras!
Movió un tanto la cabeza el prudente don Alonso de Aguilar, y permaneció á pié mientras los otros tres castellanos montaban en sus caballos.