Y las voces decian en recio alarido:
—¡A las armas! ¡á las armas! ¡los cristianos están en la ciudad!
Despertó el rey y salió de su lecho.
Apenas se habia levantado cuando vió delante de sí á su hermano bastardo el infante Muza.
—¿Qué significa esto, hermano mio? dijo el rey.
—Esto significa, que tanta infamia, tanto crímen, tanta inocente sangre vertida, trae sobre nosotros la cólera de Dios.
—¡Tú tambien, hermano! ¡tú tambien! esclamó con angustia el rey.
—Los cristianos se atreven ya á entrar en nuestra ciudad y á poner el nombre de sus ídolos en la puerta de la mezquita.
—¡No te entiendo!