Pero á punto sintieron pasos de muchos hombres con faroles encendidos que rondaban guardando aquel riquísimo barrio.
Verlos y acometerlos espada en mano fué una misma cosa.
Gritaron los moros, alborotóse por aquella parte la ciudad, y Pulgar, temiendo que le venciese la muchedumbre, gritó á sus escuderos:
—¡Por el mismo camino! ¡corazon sereno, y espada pronta!
Y rompiendo por medio de los moros, escapó[156].
Y las llamas amenazaban á la Al-Kaissería, y los moros, acudiendo de todas partes, gritaban:
—¡Al arma! ¡los cristianos!
Aquellas eran las voces que habian llegado hasta el rey.
El cartel aquel, el que Tarfe habia llevado á la Alhambra.