Granada, tan venturosa antes, tan afortunada, habia llegado al punto de que todo para ella se convirtiese en desdicha y mala ventura.
Sus caudillos emigraban á Africa ó morian en la Vega.
Sus sabios y sus fakíes estaban siempre pronosticando desdichas.
Todos tenian, no la fé de la salvacion, sino la certeza del acabamiento de la patria.
Todos miraban con terror al porvenir, y á un porvenir cercano.
Y Boabdil entretanto se adormia.
Boabdil no procuraba acabar con los bandos uniéndolos bajo su mano, y dándoles de este modo fuerza.
Por otra parte, la unión de Aragon y de Castilla, de España, en fin, bajo un mismo cetro, hacia imposible la lucha.
Maldecian, sin embargo, á Boabdil.
Como si él, á quien historiadores benévolos han llamado el Desdichadillo, hubiera podido oponerse á los decretos del destino: