El emperador don Carlos, su nieto, derribó gran parte del alcázar, y construyó sobre su terreno un palacio que pudo haber construido en otra parte.
Otro sí, para hacer habitaciones á su gusto en el alcázar, hizo puerta uno de los alhamíes de la sala de Embajadores, y puso una galería y un lienzo de habitaciones feas y destartaladas en que solo hay algunos buenos techos de ensambladura, delante del mirador de Lindaraja.
Mas tarde los franceses volaron la torre de los Siete Suelos, la del Agua y algunas otras.
Durante la guerra civil, con el pretesto de fortificar la Alhambra, se hizo saltar con barrenos su parte alta, y se la puso un feston de tapia de tierra con blindajes blanqueada y aspillerada.
Otro ingeniero cegó los baños de mármol del harem, y puso sobre ellos un jardin.
Y el tiempo, que nada respeta, sigue llevándose á fragmentos aquella magnífica joya.
Está escrito que la Alhambra desaparezca á causa de un inconcebible abandono, y lo que está escrito se cumplirá.
Hemos dicho buena y lealmente á nuestros lectores lo que sabiamos acerca de la historia y de la tradicion de ese alcázar.
Si no hemos hecho un libro mejor, no es porque no hayamos querido, sino porque no hemos podido mas.