Y montó á caballo, se volvió al oriente, y partió.

Al partir la yegua, dicen que dejó señaladas sus herraduras en la roca, y aun se muestran hoy al viajero aquellas señales.

Los moros, en memoria de aquella tristísima despedida, llamaron al alto del Padul, á la quebradura donde se prosternó el rey, Ojo de lágrimas, y los castellanos le señalan todavía con el nombre de Suspiro del Moro.


Entretanto los cristianos ponian una cruz en la sala de Justicia del patio de los Leones.

EPÍLOGO.

La historia de la Alhambra concluyó par decirlo así, en 1492.

Pero entonces, cuando acabó su historia de grandezas y de poder, comenzó su historia de destrucción.

Los Reyes Católicos destruyeron su magnífica mezquita, y levantaron sobre ella una iglesia.

Mas allá, en la parte alta, echaron por tierra maravillas del arte árabe, y fundaron sobre los escombros un convento de franciscanos.