—La rosa blanca... era mi alma... mi alma que me la han robado los que me robaron tu amor: yo hé debido estar loca, Nazar.

—Acaso Dios lo haya permitido.

—Yo recuerdo, como sueños confusos, sueños horribles.

—Es necesario no recaer mas en esos sueños, amor de mi alma, dijo el rey estrechándola entre sus brazos.

—Necesito el amor y la compañía de mi esposo, dijo Wadah.

—Y bien, la tendrás.

—Necesito que vivas á mi lado.

—Viviré.

—Quiero que tu hijo el príncipe Mohammet...

—¿Qué sabes tú del príncipe?