Mi vida entraba en una situacion regular.

Era feliz.

Don Bruno habia llegado muy á tiempo.

CAPITULO VII.

En que se vé cómo iba yo acercándome á la fortuna, llevado de la mano por una vieja verde.

Al otro dia me desperté muy tarde.

Al abrir los ojos ví delante de mí á mi divina rubia que me sonreia.

Tenia en la mano, en un plato de porcelana, una taza de leche.

Se me trataba bien.

A lo príncipe.