O yo no sé una palabra de gramática, ó la Nicanora, que se habia picado, iba á decir: sinpeluca.
Si lo hubiera dicho, y con lo que habia sucedido, los resultados hubieran sido horribles.
—¿Y sin qué?—dijo doña Emerenciana. Y vibró una mirada tremenda sobre la cocinera.
—Sin tantos arrumacos,—respondió ésta.
—¿Y cómo hemos de entender eso de los arrumacos?—dijo doña Emerenciana.
Un segundo guiño mio acabó de arreglar á la Nicanora.
—Es que usted, señora,—dijo,—tiene mucha experiencia y se va más allá de las cosas, y se figura lo que no hay.
—En fin, Nicanora,—dijo doña Emerenciana,—usted es una vieja verde y se le van los ojos detrás de los muchachos.
—Yo soy...—gritó la cocinera.
Un tercer guiño la contuvo.