Era posible que un dia se arañasen.

Pero mejor, mucho mejor.

Un hombre por el cual no se araña una mujer con otra, no vale un perro chico.

Micaela estaba admirable de serenidad.

Doña Emerenciana admirable de celosa.

La Nicanora admirable de desenfado.

Era una manola que por nada del mundo hubiera sufrido ni áun mucho ménos de lo que la habia provocado doña Emerenciana.

Sin embargo, habia obedecido á mis guiños.

Era cuanto se podia esperar.

Empezó el almuerzo, y á cuidarme doña Emerenciana.