Yo no conocia á doña Emerenciana.

Miré por casualidad, y me dió golpe.

A mí me gustan mucho las mujeres homéricas.

Es decir, las mujeres altas, protuberantes, grandilocuentes.

Sobre todo, las que tienen la garganta larga, redonda, vigorosamente modelada, voluptuosa.

Yo me fijé.

A poco doña Emerenciana me relampagueó una mirada de ataque.

Empezaba la lucha.

Se cruzaron las miradas, vinieron de una parte los guiños del ojo izquierdo.

Sobrevino en ella una seriedad hechicera.