Me parecia hermosísima.
Despues de la joyería me llevó á Fornos.
Tomamos café.
Cuando salimos, fuimos á la Fuente Castellana.
Hacia un dia hermosísimo; uno de esos dias de invierno de Madrid que parecen de primavera.
Doña Emerenciana era incansable.
Parecia que Dios la habia dotado de un estómago de buitre.
Despues de haber almorzado abundantemente en casa, todavía tuvo apetito para comerse en la Fuente Castellana una perdiz y no sé cuántas cosas más.
Bebió tambien largamente.
Sin embargo, no se la resintió la cabeza.