Es decir, le he puesto en condiciones de digerir todo lo más repugnante.
Por consecuencia, me iba decidiendo por doña Emerenciana como ella era, con peluca y sin dientes, y con su armadura postiza.
Es más.
Me iba pareciendo deliciosa.
Me iba enamorando de ella.
Noté que doña Emerenciana estaba disgustada y como pesarosa de haberme llevado allí.
Todas aquellas señoras, jóvenes y viejas, me comian con los ojos.
Particularmente las dos estantiguas de la casa.
Esto es, la mujer y la cuñada del ex-ministro, dueño de la casa.
Se habian puesto una á cada lado de mí.