Me sonrió.
Se sentó con la mayor confianza á mi lado.
Echó un brazo sobre el respaldo de mi silla.
Cruzó las piernas, la una sobre la otra, y tomó una actitud de un estilo particular.
Esto hizo que mi soberbia creciese.
Cuando aquel alto pícaro me trataba de una manera tan familiar, podia suponerse que él creia que yo podia servirle para mucho.
Me dí importancia.
Al fin el hombre público me llamó á su gabinete.
Durante la lectura manifestó su complacencia y su admiracion repetidas veces.