Poneis un dedo sobre el muslo contrario, grueso ó flaco.
Le abarcais al fin.
Otra mano encuentra la vuestra.
Sobreviene un apreton expresivo.
Una señal indudable.
Ya sabeis que podeis atreveros á la propietaria de aquella mano.
Indudablemente os dirán de una manera rápida una cosa semejante á ésta:
—Mañana á las ocho iré á los Incurables; yo tengo allí enfermos.
Al dia siguiente esperais junto al sitio indicado.
Llegan las ocho.