Se detiene un carruaje de plaza.

Mirais.

Un rostro hechicero ó amojamado os mira á través del no muy limpio, y á veces roto, cristal.

Es la mujer política, á la que no habeis conocido sino la noche anterior en un banquete, debajo de cuya mesa habeis tenido un diálogo de rodillas y de manos y habeis cruzado media docena de palabras.

Ya teneis una influencia, y una influencia poderosa.

Os zambullís en el pesetero.

El jamelgo parte.

El cochero sabe adonde va.

Os encontrais en tres dias con un ascenso, ó con un acta de diputado, ó con la creacion lucrativa de un gran encargo.

Vivís al fin.