El manjar más repulsivo del mundo se come con apetito una vez apurada la primera, la segunda, la tercera repugnancia, hasta acostumbrar el estómago.
Si no fuera así, no habria ni sepultureros, ni médicos, ni curas, ni áun verdugo.
Decidle á un sepulturero que se abrace á un cadáver en corrupcion y que le dareis tanto ó cuanto dinero.
Habreis hecho muy mal.
Perdereis vuestro dinero y él se habrá quedado contentísimo y con deseo de que le pagáseis el abrazo á obro cadáver.
Así, pues, bienaventuradas las viejas verdes que tienen dinero, porque de ellas es el reino de los amores alquilados y pueden escoger todos los buenos mozos que quieran, seguras de que los tales se mostrarán traspillados de amor por ellas, pero mediante siempre los conquibus.
Y como se trata de un contrato bilateral en que en ninguna de las partes hay en juego ni una sola partícula de espíritu, como todo es sensualidad reherbida y trasnochada irritacion, é insaciable, la vieja verde irritada, no se contenta con un solo amante.
No conoce el amor.
Lo que siente por los que la revolucionan, podrá ser todo lo que se quiera ménos amor.
Así se comprende que aleteando doña Emerenciana por Hipolitito, aletease también por mí, y era capaz de aletear por medio mundo.