¿Pero seria de igual manera impasible Micaela?

En Micaela habia para mí verdadero amor.

No podia dudarlo. Micaela era mi cielo.

Yo temia una tempestad si la decia que iba á pasar la noche fuera de la casa de mi querida tia.

Yo me creia bastante tunante.

Pero me engañaba.

Yo era entonces un tunante incipiente, un tunante en mantillas.

Como aún no era hora de acudir á mi primera cita, ni con mucho, yo me habia sentado á la chimenea.

Micaela se habia metido adentro para despojar á la vieja de su carga de postizos.

Habia comido y bebido en demasía; necesitaba reposar, y se habia retirado.